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Córdoba Hill, los fantasmas reaparecen…

Qué breves parecen ser los sueños a orillas de la parte del Guadalquivir que baña Córdoba, arrancó la temporada haciendo un poco olvidar el desastre de la pasada campaña, el Córdoba CF comenzó arrebañando los primeros tres puntos del torneo liguero, un bonito juego colmado por constantes ocasiones hizo presagiar a la afición cordobesista que los fantasmas del pasado son solo eso, y empezó a resonar en la cabeza de todo seguidor del club califa esa frasecilla que nuestros padres nos han dicho alguna vez en nuestra infancia mientras nos acurrucábamos temblorosos bajo el colchón de la cama: «hijo mío, los fantasmas no existen».

Uno crece, obtiene experiencia, y con ella va dando forma a una forma de pensar. Tarde o temprano, ya sea solo de refilón o en más profundidad, depende de la personalidad, uno escucha que las historias de fantasmas cada vez se van vistiendo más y más con tejidos de realidad, con tintes de crudeza. Es entonces cuando llega el Córdoba CF, club de fútbol que a más de uno nos remueve el espíritu, y pierde tres partidos del tirón, de sopetón, de repente. Las risas de Valladolid se convirtieron en mueca en Leganés, la mueca de Butarque se transformó en ceño fruncido con Alcorcón para finalmente ese ceño dar paso a evocar inconscientemente a los fantasmas del pasado en Copa del Rey.

Un trozo de tu alma muere cuando tu equipo pierde, y echar una mirada al pasado es darte cuenta de que realmente tú ya perteneces al plano de los sin cuerpo. No sé muy bien si estamos pululando por un mundo real o por el etéreo astral, pero desde que un viejo chamán llamado Francisco y apellidado Jémez abandonase el barco cordobesista, este siempre ha caído en la monotonía, en la rutina más pesada de todas, la del mal juego. Paco no nos subió a Primera pero supo enamorarnos, a nosotros y a la gente del gremio.

Cuando el jefe de la tribu tuvo que partir llegaron otros líderes, cada uno con una forma distinta de intentar hechizar, pero lo cierto es que ninguno supo o ha sabido de momento levantar el asunto. Todo simula a deambular por las calles de una ciudad fantasma, cada vez que pasas por una fría esquina es como si revivieses los goles en contra en los últimos minutos, en el momento en el que observas un cartel roto y viejo es como ver los goles anotados en propia puerta, darte cuenta de que nadie está a tu lado es como recordar el individualismo y egocentrismo de los jugadores. Uno parece que dotó con un poco de magia al equipo, pero solo lo llevó a una cuidad fría y tenebrosa un poco más grande que la anterior, donde a cada rincón recordabas sin parar que estabas rodeado de fantasmas, y de que posiblemente tú ya eres uno, el nombre del guía espiritual creo recordar que era Albert Ferrer.

Pero no todo es oscuridad, si veis televisión tendréis la oportunidad de ver un anuncio de un famoso periódico que va a sacar en breve a colección antiguos clásicos del cine, entre ellos Cazafantasmas. Corred, no miréis atrás…

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