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Un Sevilla constipado no olió la sangre del Barça

Podría parecer que el fragmento que leerás a continuación es la crónica para cualquier medio sobre la final de Copa de S. M. el Rey, pero siento decepcionarte. Aquí se relata la visión de un servidor que llegó al partido tarde, con lumbago, y que haciendo un poco de homenaje a Kira de Death Note, solo comió patatas fritas durante el transcurso del encuentro.

Era el día de la final, del duelo entre el campeón de Liga frente al vencedor de la Europa League, pero antes de teletransportarme al Vicente Calderón a través de los píxeles de la televisión había que hacer parada con la realidad y acudir al estadio Nuevo Arcángel para apoyar al Córdoba CF ‘B’ que jugaba contra la Deportiva Lorca la ida del Play-Off para ascender a Segunda División ‘B’. A veces viene bien disfrutar del fútbol humilde, del cercano, del de verdad.

El filial cordobesista arrancó el partido marcando sobre el minuto cinco, la tribuna del coliseo blanquiverde brincaba con su equipo que parecía estar poniendo broche de oro a la gran temporada desempeñada, pero el fútbol suele ser de valientes -y de los que arañan minutos al marcador, para qué engañarnos-. El Lorca anotó el empate al borde del descanso y el encuentro dio un giro, la segunda mitad fue una pérdida constante de tiempo de los visitantes, que consiguieron meter el segundo y un Córdoba con su central Fran Serrano mal expulsado acabó el partido como buenamente pudo. Podría ser presagio de lo que esperaba tres cuartos de hora después.

Tocaba atravesar el recinto ferial -para quien no lo sepa, los cordobeses estamos de feria, y el campo del Córdoba está justo al lado- y bordear el Río Guadalquivir para ver la final en la Avda. Barcelona, lugar donde se suelen celebrar los éxitos del Barça puesto que existe una réplica de la Fuente Canaletas.

Dicen que en esta vida atraes lo que te enfocas, y mientras sonaba el himno de España aún no teníamos mesa en ningún bar mi amigo y yo por lo que ni siquiera presté atención a si se pitaba al himno español y, llámalo casualidad o no, pero después me enteré de que no existió la ‘monumental’ pitada que se esperaba.

Una vez situados en un sitio bastante bueno: “una Coca-Cola, por favor”, era hora de ver el segundo partido de fútbol del día, y digo fútbol por decir algo, porque el señor Del Cerro Grande debió de ver los regalitos que se le ofrecieron a los sevillistas el miércoles anterior en Europa y se decidió a colaborar él también con los presentes. Minuto 30 aproximadamente y un forcejeo entre Mascherano y Gameiro acaba con el ‘jefecito’ en los vestuarios, comenzaba la entrega de premios para el Sevilla, pero no acabó ahí.

Fueras de juego que no fueron, agresiones a jugadores del Barça que eran castigadas como simulaciones para los propios barcelonistas, leyes de la ventaja mal aplicadas, y un largo etcétera conformaron el guión del árbitro para el partido. Para colmo, en la misma jugada en la que un jugador del Sevilla deja inconsciente a Messi por un cabezazo, Luis Suárez cae lesionado. Era desolador ver al bueno de Luis llorar desconsoladamente de impotencia, había que ganar por él, pero era complicado cuando tu equipo está formado por diez jugadores, y el de tu rival por 12. Sin el pichichi y con la ausencia un arbitraje justo, un Barça a merced del Sevilla comandado por esporádicamente por Andrés Iniesta y Gerard Piqué consiguió dejar a Neymar Jr. en el 91′ frente a Sergio Rico y Éver Banega tuvo que derribarlo, roja y a vestuarios. Prórroga. Ahora sí se igualaba la cosa.

Messi, ese jugador que lo mismo te hace una jugada de cine que te da un pase de espectáculo, se vistió con este último traje y dejó a Jordi Alba solo frente a Sergio Rico en el 96′ y cruzó el balón hasta que este, golpeando el palo, atravesó la línea. Ya nada malo podía ocurrir. Ya nada importaba, ni el dolor lumbar que yo venía arrastrando desde hace días, ni el hambre tras llevar todo el partido tan solo habiendo comido unas patatillas que te ponen con el refresco. Solo me importaba desgañitarme gritando el gol y que me escuchase una señora mayor que teníamos delante mi amigo y yo que cada vez que protestábamos por las decisiones arbitrales a lo largo del partido, miraba hacia detrás y nos llamaba maleducados -sí, una señora que alegaba que a Messi había que agredirlo más fuerte y que no sabía comportarse en un bar, nos daba clases de valores a nosotros-.

Fue importante, pero el gol de Neymar al final del partido ya era lo de menos. La satisfacción de ver al Barça sobreponerse a las incontinencias del árbitro y del destino ya me dio todo lo que yo necesitaba esa noche, porque cuando gritas un gol con todo tu ser todo lo demás parece perder importancia.

P. D.: chavales del Córdoba CF ‘B’, no está todo perdido, ¡HASTA EL FINAL, VAMOS FILIAL!

P. D. II: todo mi apoyo a Manu Carreño, narrador del partido para Telecinco, no pudo ser, el Sevilla no olió la sangre del Barça.

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